jueves, 31 de mayo de 2012

Música y Gastronomía

Entre los muy diversos lugares donde suelo acudir con mi piano están los restaurantes. Soy de la opinión de que cualquier lugar se puede beneficiar de la música en directo. Siempre lo he dicho: cada espacio es diferente y en cada uno de ellos se puede llegar a crear un buen ambiente a través de la música en directo. Los restaurantes tienen su propio y principal aliciente: la Gastronomía que ofrecen con su propio sello de identidad, áquel que los diferencia de los demás y que particularmente - seguro que muchos estarán de acuerdo - considero un arte más; el arte del buen cocinar junto al del buen paladar del comensal. Y si de arte hablamos porqué no juntar Música y Gastronomía? Desde luego no es nada nuevo. Si nos remitimos a épocas de la antigüedad la música era indispensable en banquetes de los griegos y romanos y bien sabemos que su gastronomía suculenta. Por tanto qué mejor que seguir uniendo música y gastronomía. 
Y hay ejemplos muy actuales que en forma de ideas de marketing están funcionando muy bien. Mi primer recuerdo de ver expresamente unida la Gastronomía y la Música fue en un Festival de Guitarra de Hondarribia que combinaba los conciertos en diferentes espacios con eventos gastronómicos a través de la idea de su director, el guitarrista Carles Pons y el chef Ramón Roteta. Para la edición del 2004, en mi época de manager del guitarrista mallorquín Jaume Tugores, nos contrataron un concierto en ese peculiar festival cuya clausura era un paseo por la ría comiendo pescadito frito mientras navegábamos. 
Y más ejemplos tenemos, muchos relacionados con el jazz y el blues, como los festivales de Jazz de Getxo, Vitoria y San Sebastián o la reciente terminada XIV edición del Festival de Jazz VollDamm de Vic con más de 20 restaurantes que han ideado menús relacionados con el jazz. 




De esta manera, cuando suelo ir a realizar "el arte de amenizar" en un restaurante, como suelo llamarlo, de una parte tengo el gusto de probar la Gastronomía del lugar y por otra parte siempre busco musicalmente el nexo del otro arte que veo pasar delante de mí hacia los comensales mientras toco el piano : suculentos platos de los que van a dar buena cuenta mientras mis notas inundan el ambiente. Jazz, Blues y vino, por ejemplo, hacen una muy buena combinación (imaginemos el ambiente del Cotton Club); y el vino sin un buen pescado o carne (según se precie) o viceversa no hace falta ni mencionarlo. Y todo eso, aquí en la sierra, puedo atestiguar que lo tenemos en muy buena calidad y servicio. Restaurantes por los que he pasado con mi piano, cada uno con su sello personal, me han proporcionado grandes momentos y cenas después de la tocata. Desde la Terraza Jardín Felipe en Navacerrada - con sus croquetas de caseras exquisitas, o sus mollejas de cordero de Lechal al ajillo, por poner dos ejemplos, El Llagarón en Guadarrama que tienen unas carnes deliciosas, unos Secretos de Lomo ibérico suculentos, la gran cocina de Don Baco en El Boalo, asador por excelencia donde los haya con el servicial Ángel y recientemente, en una boda de una amiga a quien le acompañé con mi piano tuve el gusto de conocer el restaurante Zalea en Moralzarzal que cuenta con la distinción Bib Gourmnad de la Guía Michelín donde nos podemos deleitar con un Carpaccio de pulpo con carne de tomate y aceite de Pimentón o cochinillo deshuesado confitado con jugo de Oporto.
En fin, que no falte la buena mesa bañada con las notas de un piano, porque no me digan a ustedes que no se les acaba de hacer la boca agua mientras quizás escuchaban un poco de música. ¿Qué mejor combinación!?

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