jueves, 19 de enero de 2012

De cómo servidor se encontró con la MÚSICA.

Sin pretender hacer biografía de mí mismo, sí os contaré diversas etapas de mi relación con la música, no de forma exactamente cronológica, e intentando ser lo más ameno posible. Ahora que este año 2012 cumplo 25 años sobre los escenarios, creo que es una buena forma de iniciar la narración de "Cómo servidor se encontró con la Música".
Con el tiempo todo el mundo conforma una amalgama de su propio bagaje cultural y en él suele entrar la MÚSICA como compañera inseparable de sensaciones y vivencias a lo largo de nuestra existencia. Y son en las primera etapas en las que dichas sensaciones quedan grabadas de forma más persistente. Es el inicio, la novedad... ese sentimiento primero que surge al escuchar una canción que nunca habías escuchado, como el primer beso. Y si a esa primera relación con la música se incorpora la participación activa- la ejecución de la misma música- la impronta es mayor.
Como oyentes podemos ser activos y pasivos y en un principio ambas formas son positivas. Si desde niños tenemos la oportunidad de estar escuchando música, la de tus padres, aunque sea de forma pasiva, esa música va calando y al tiempo conformando tus propios gustos; aprendes a descartar e incorporar a la vez distintos géneros y estilos. En definitiva, aprendes a valorar cuán valiosa es la música, pues nos conforta en cualquier estado de ánimo que tengamos. Es lo que siempre he defendido: la gran importancia que tiene la música en nuestra vida diaria y en nuestro desarrollo personal. Un hecho incuestionable que para mí y mucha gente es algo normal pero que parece que en nuestros tiempos queda relegado a un plano secundario.
Y mi primer recuerdo de la música como oyente fueron todos los vinilos que mi padre escuchaba. Existía el sillón de la música en casa, ese cómodo lugar donde te dejabas transportar por una escucha atenta cuya única interrupción era para dar la vuelta al vinilo y seguir escuchando. Su colección estaba conformada por música clásica, las obras más típicas o conocidas pero indespensables como para sumergirme en ese género. Y luego estaban las típicas orquestas de versiones de Frank Purcel o Paul Mauriat que con los años se me asemejaron algo edulcoradas, sobre todo cuando conocía los temas originales de esas versiones. Pero era la moda de aquel momento. Mi madre me dio el contrapunto, era quizás más selectiva; pero gracias a ello me sumergí en los primeros acordes del Concierto para piano nº1 de Chaikovsky o en el conmovedor nº 2 de Rachmaninov. Esos desgarradores acordes iniciales de ambas obras que protagonizaba el piano en "lucha" con la orquesta me marcaron profundamente; parecían arrancar sensaciones nuevas para mí pero al tiempo tan viejas como los sentimientos que un adolescente por lo menos podía imaginar o sentir en su interior. Curioso, no?... que la música logre eso es algo mágico.
Pero no todo amalgama musical se conforma en tu ambiente más doméstico. Los amigos, los amigos de.., cualquier circunstancia podía sorpresivamente hacerte descubir nueva música. Si ahora la Red nos proporciona la inagotable fuente de búsqueda y encuentro con todo tipo de música a través de las redes sociales y diversas plataformas, hace tan sólo 30 años (ya ha llovido! pero es un tiempo relativamente corto) las cosas se intercambiaban como lo que eran, cosas físicas, no virtuales, en sus más variados formatos. Y la música se transmitía a través de los vinilos y las cintas de cassette, muchas de ellas seleccionadas con su particular etiqueta: "Baladas", "música de..." "música para..."...y así fue como un amigo de mi hermana me descubrió a un grupo que me sonaba por esas versiones que llamo edulcoradas de los vinilos de mi padre. Eran The Beatles. Dedicaré un post al cómo y porqué su música me cautivó, pero fue tal la impresión que me causaron esas canciones que pasé a desear tocar esa música, a emularla mínimamente con mi primera guitarra española que me compró mi madre, siempre atenta a mis inquietudes artísticas. Ya ella me proporcionó la posibilidad de estudiar bellas artes en una academia privada para colmar esas inquietudes adolescentes a las que se fue sumando la música y recuerdo tener un gran dilema: ¿pintura o música?
Al mismo tiempo no dejaba de ser un adolescente que escuchaba la música que la radio emitía, los famosos 40 principales o cualquier "Radio fórmula" que radiara la música del momento. Eran los ochenta y de principio curiosamente no atendía mucho a esa nueva ola llegada de Madrid. Prefería la música inglesa; su idioma me asemejaba perfecto a la música que oía y el mío propio me parecía "extraño". Tampoco tenía ningún grupo preferido (a parte de mis recién descubiertos Beatles), seguramente debido precisamente a esa Radio fórmula que potencia temas únicos para que escalaran los puestos de lista de éxitos y los temas, las canciones, van pasando.
Aún recuerdo el día en que mi padre trajo a casa un Organo Hammond Pipe II (que finalmente conservo yo en mi casa, adjunto documento fotográfico); supuestamente lo compró para aprender él. Ya tocaba la armónica de oído pero no pasaba de unas cuantas melodías y con el órgano en casa esperaba conseguir más resultados... pero acabé monopolizando el instrumento. Y recuerdo perfectamente la primera melodía que saqué de oído, pues ese Órgano Hammond tenía esos sonidos y ritmos variados con los que se podía conseguir ser de forma efímera una especie de "hombre orquesta".
El grupo en cuestión era OMD (Maniobras Orquestales en la Oscuridad) y la canción "Enola Gay". Una melodía sencilla que me apasionaba y que me vino a las manos de una forma simple, jugando. Después vinieron los acordes de Let it be, más difícil, pero que me ayudó a adentrarme de forma más seria en el teclado.

Recuerdo pues, principalmente esas dos melodías, pertenecientes al pop, gran música y no tan banal como se dice cuando llegan a permitir a cualquier chaval iniciarse en el mundo de la música. Luego vendrían los encuentros con compañeros de instituto, amigos complíces de querer hacer algo de música y que nos nutríamos mutuamente, aunque fuera solo mirando como tocaban una guitarra o un teclado. Y mucho más tarde llegó el Blues... pero eso es otra historia.

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